Alors, heureux les Chiliens ?
Un large écho a trouvé dans la communauté francochilienne le texte de Ramon Díaz-Eterovic publié par le journal Libération. Francochilenos t’invite à en debattre et à apporter, ici-même, ta propre reponse à la question posée : Les Chiliens sont-ils heureux ?

Pour certains, la réponse est presque contenue dans la question. Pour eux, c’est une évidence, les Chiliens ne sont pas au plus haut de leur forme.
D’autres, se disent tentés de donner à la question une réponse du genre : regarde autour de toi, vois ce qui se passe ailleurs et tu te rendras compte à quel point les Chiliens sont plutôt bien lotis.
Comme rien n’est plus "malheureux" que de ne pas se poser la question, nous avons voulu saisir la perche tendue par la publication de l’article de l’écrivain Ramon Diaz Eterovic dans le journal Libération du 25 août dernier : les Chiliens sont-ils heureux ?
Nous t’invitons donc à en débattre ici-même. En français, en espagnol, en "frañol" ou en "espaçais", peu importe.
Ce qui vraiment compte c’est la qualité des arguments, et la volonté de mener à bien un débat franc et sérieux qui, à défaut de nous rendre "heureux", nous donne la possibilité de faire, à la veille d’un nouveau printemps chilien, un apport à la recherche collective des idées et des moyens pour "mieux vivre" des deux côtes de notre passerelle francochilienne.
A toi de jouer !
Commentaires
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Alors, heureux les Chiliens ?17 de septiembre de 2007, par Javiera
Parece que algunas personas que han escrito aquí no han leído bien el artículo de Eterovic... además cómo tan picotas como para salir al tiro a comparar los grados de felicidad con Francia ? están un poquito sensibles, será por qué se acercan las fiestas patrias ?
Nadie esta hablando de quien es más o menos feliz... se trata de un artículo sobre Chile y no de Francia.
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¿Son felices los chilenos ?17 de septiembre de 2007, par Virginia Ramos Poseck
“He vivido tolerando un martirio y jamás pienso mostrarme cobarde, arrastrando una cadena tan fuerte hasta que mi triste vida se acabe : Algún día querrá el cielo tirano que mis terribles tormentos se acaben cumpliéndose aquel adagio que dice no hay mal que por bien no venga, aunque tarde" (Tonada del folklore chileno del siglo XIX)
Cuando en el terreno personal surge la pregunta ¿soy feliz ?, es porque no lo soy. Si soy feliz no se me ocurre preguntármelo. Hamlet se preguntaba, mientras sostenía un cráneo en su mano, eso de “ser o no ser y si es mejor dormir, soñar, que sufrir los dardos y espinas de un destino oprobioso” ; sin duda es un drama, la infelicidad ante un padre fantasma y castigador. En Chile, desde tiempos de la colonia, se repite el esquema de relaciones laborales y sociales “patrón-inquilino” así como una manera de filantropía paternalista que se confunde con responsabilidad social del estrato más pudiente. Y se ha hablado lo suficiente de los poderes fácticos castigadores.
Las canciones chilenas son tristes si las comparamos al resto del folklore latino americano, por muy lloradas que sean las letras de tangos y boleros son interpretados con pasión y no con el plañir de esta especie de entrega a un destino inexorable contenido en el cantar del pueblo chileno.
En este marco de resignación, los chilenos teníamos sentido del humor negro y con facilidad nos reíamos de nosotros mismos. Hoy en los buses del mal hadado sistema nuevo de movilización colectiva “Transantiago”, nos trasladamos del trabajo a la casa y de regreso, tarde, cansados de hacer colas y respirando a penas entre las multitudes que se apiñan en los paraderos. Al fin, arriba del bus, vamos saltando y balanceándonos como niños, sobre los asientos tipo taburetes de bar pero sin el travesaño para apoyar las piernas. Ejemplos hay en todas las familias como el caso de mi amiga profesora que se rompió una costilla al caer al pasillo desde esos asientos ideados por un loco, no existen en el planeta humanos tan altos para sentarse en forma segura en tales objetos. Y así fue como en este último avatar, perdimos el sentido del humor y del absurdo. Definitivamente lo que sentimos todos es rabia ante una burla macabra simbolizada en este famoso plan de transporte. Gota de agua que ha rebalsado el vaso lleno de “costo social” pagado por el hombre y la mujer de la calle y disfrutado por los GGE y las Transnacionales, dueños y señores éstos de nuestro sistema neoliberal de probeta.
Dicen que los gobernantes están amarrados con la Constitución del 80 pero no ha existido ahora último, voluntad política para cambiarla, porque “las inversiones” se van, más de lo que se han ido, se pierde el apoyo del poder económico que es quien sigue mandando globalmente y más aún en los países de América Latina. Hemos hecho un recorrido, como montados en un bus del Transantiago, durante 17 años, desde una dictadura hasta una democracia maliciosa y banal con la que no hayamos qué hacer. Ya nadie quiere asistir a las urnas, desilusionados de la clase política y por otra parte todo el pueblo está endeudado y en Dicom (libro negro de los deudores morosos). Es decir las jaulas de hierro del Estado y del Mercado de las que habló Weber, aquí nos tienen a todos prisioneros de su juego.
No voy a describir la realidad de la inseguridad ciudadana, la drogadicción, las “maras” o pandillas juveniles en los barrios de la periferia, tampoco del smog en las ciudades más grandes, ni la “flexibilidad” laboral sin seguro de desempleo suficiente para dar la posibilidad de asir la punta de la liana del trabajo que viene. Categoría común de chileno, cesante, colgado en el vacío y aullando como Tarzán en la selva, buscando con ojos rápidos donde viene la liana salvadora.
La televisión muestra a todo el país a los bellos y millonarios de la llamada “farándula”, exhibiendo sin pudor sus piscinas, mansiones, grandes yeep cuatro por cuatro, etc. que aumentan el vicio del resentimiento y del chaqueteo, heredado también desde tiempos coloniales. Si me sucede algo bueno mejor no contarlo porque típico que viene el envidioso a romper el encanto. La incertidumbre, el desasosiego, se siente más que el espíritu “innovador” supuestamente digno para celebrar el “bicentenario” con esperanzas renovadas hacia un futuro mejor. Son muy pocos los privados que invierten en investigación, el Estado menos, el sistema político y económico prácticamente se les ha escapado de las manos, está incontrolable.
La brecha de las desigualdades sube, la Iglesia pide fijar un “sueldo ético mínimo” imposible de lograr en acuerdo entre empresarios y partidos políticos, todos pisándose la cola. Los estratos altos heredan sus opciones de acceso laboral a sus hijos y nietos, los estratos bajos heredan también su condición a sus descendientes, la movilidad social es mínima. Un Ingeniero Comercial que estudió y habita en barrio marginal difícilmente tendrá acceso a un puesto laboral en una gran empresa bajo las mismas condiciones de sueldo que un hijo de familia de empresarios. Los chilenos habitamos en una sociedad donde se mezclan en un solo tiempo y espacio, la postmodernidad, la modernidad, la colonia, la edad media, el feudalismo. Muchos actuamos según premios o castigos a recibir en lugar de darnos tiempo para reflexionar en las consecuencias que nuestros actos puedan tener en los demás.
Amartya Sen, premio Nóbel de Economía 1998, dice que las oportunidades de alimentación, salud, vivienda, educación, afectos, necesarias al ser humano en su desarrollo vital conformas las “libertades constitutivas” sin las cuales no se accede a “las libertades instrumentales” que son las libertades ciudadanas propiamente tal, libertad de expresión, de representación, de justicia, sufragio consciente, capacidad de discernir responsablemente, etc. El autor “Zygmunt Bauman” distingue entre los seres humanos globalizados y los “glocalizados”, éstos últimos no saldrán jamás de su localidad ni de su ignorancia respecto a lo que sucede en el mundo, son los que van aumentando el ejército de los excluidos del sistema y por tanto de los avances en tecnología, salud, educación. El autor Jorge Inostroza, chileno, escribe sobre una de las guerras de Chile en el siglo XIX, comienza su obra épica “Adiós al Séptimo de Línea” con la frase “Malo se presentaba el día para los patriotas,...”
Otra tonada chilena dice “Yo me enamoré del aire, del aire me enamoré y como el amor es aire, en el aire me quedé”, al parecer esa es la felicidad de los chilenos, una utopía, un sueño, una forma de vivir de los otros, y hasta a veces un mito escatológico. Una felicidad en el imaginario, que al fin y al cabo, imaginar se puede hasta con hambre, resignación o rabia.
Virginia Ramos Poseck
Magíster en Ética Social y Desarrollo Humano
Doctora en Ciencias Sociales y Política de América Latina
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¿Son felices los chilenos ?19 de septiembre de 2007La reflexión es más universal que local. No existe mayor diferencia en quienes habitan en sociedades en desarrollo o desarolladas : la frustración es la misma. No parece estar asociada a un mayor o menor bienestar económico, sino a las carencias espirituales. Es el resultado de dedicar todo nuestro esfuerzo a las cosas, en desmedro de las personas. Nos dejamos llevar por una publicidad engañosa, que busca convencernos que la felicidad depende de estar a la moda y llenarnos de aparatos. Una vez que hemos comprado aquello que se nos mostró como la clave de la felicidad, aparece un nuevo producto y debemos desechar el que habíamos obtenido, es decir, nunca disfrutamos lo que tenemos. Para eso trabajamos en lo que más paga y no en lo que más nos gusta. Así es que dedicamos el día a ser infelices. Y como no basta con lo que ganamos, tomamos créditos, para tener todo lo que la televisión nos impone y no lo que efectivamente necesitamos. Es tal la alienación materialista que hemos llegado a la cosificación de las personas ; cuando una mujer engorda o envejece, se la desecha ; cuando el hombre viejo no produce como uno joven, se le cambia. La amistad se confunde con los negocios y el amor con la conveniencia patrimonial. Los afectos de rematan al mejor postor. Desde siempre y por siempre las personas son materia y espíritu : mientras vivamos dedicados sólo a lo material, el "mall" y las compras estaremos condenados a ser infelices, por dedicar la vida a lo efímero. Mientras mantengamos olvidado el espíritu (ideas, filosofías, sentimientos, religiones, etc), viviremos desequilibrados, eclavos de la nimiedad y ajenos a la plenitud innata de lo trascendente.
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¿Son felices los chilenos ?24 de septiembre de 2007, par Virginia Ramos PoseckPara los que no ven relación entre felicidad y desarrollo les pregunto si alguna vez han visto un niño de la calle y le han preguntado si entienden lo que es la palabra felicidad, si entienden que la Declaración Universal de los Derechos del Niño dice que nacen para ser felices, si entienden lo que es la palabra Derechos. Eso se llama preguntarles por su “presencia” en la tierra, si saben que están presentes y qué significa la presencia. El utilitarismo puro niega “la reflexión”, sólo se responde a la ley de oferta y demanda de bienes o de seres humanos. El ser humano ha pasado a nombrarse como “capital humano” si no reclaman se llama “capital social”, los excluidos del mercado no existen. Para los que creen que esto es futil y superficial y que lo importante de Chile es que "acogemos al amigo cuando es forastero" y zapateamos y gritamos tiqui tiqui ti, bueno, todo el mundo tiene derecho a su opinión y necesitamos turistas para atraer euros y dólares. Está bien. Gracias. Muchas gracias, tan agradecidos. Muy agradecidos. Perdón. Puchas que estamos agradecidos".
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¿Son felices los chilenos ?21 de septiembre de 2007, par Alejandro MorgadoLa tristeza la veo todos los días en el metro, en la micro, en mi trabajo, en la calle. La tristeza se refleja en los rostros de las personas cuando van y vuelven del trabajo. Tristeza que se mezcla con impotencia y resignación, tal que si vemos a alguien alegre lo tildamos de “bicho raro” o “hueón”. Es una pena que necesitemos un “copete” para “entonarnos” o alegrarnos. Desconozco la realidad de otros países en este aspecto, por lo cual me pregunto si sólo pasa en Chile o es una generalidad en el hombre del siglo XXI. Saludos a francochilenos.com
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Alors, heureux les Chiliens ?11 de septiembre de 2007
¿Felices los chilenos ?
Se empezó a dudar de la felicidad un cierto 11 de septiembre ...
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Alors, heureux les Chiliens ?7 de septiembre de 2007, par Camila
pff no cazcha nada loco que escribio el articulo... si la felicidad se basa en el desarrollo, en el metro, y en las cosas superficiales que nombro, entonces en Francia serian todos felices...
N’importe quoi
Camila
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Alors, heureux ?4 de septiembre de 2007, par Pratisz
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Alors, heureux ?...bien sûr6 de septiembre de 2007
Ja, ja !! ese es un chileno feliz y guapo....
De donde saco este escritor la "infelicidad" del chileno ??. En invierno, con el transantiago, frente al Servipag dificil que vea a santiaguinos felices....como subirse una tarde al RER de París y decir que los franceses son infelices....C’est n’importe quoi !
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Alors, heureux ?31 de agosto de 2007, par Juan Carlos Silva - Ginebra - Suiza
Señores :
Algunos elementos para responder a su "question". Santiago en invierno : contaminación. Michelle Bachelet : decepción. Riqueza : mala distribución. Políticos : incompetencia, (mezquina) ambición y (no poca) corrupción.
Las cuecas y la primavera que se nos vienen, traeran alguna nueva ilusión ?
